.:: ADICCIÓN AL MINISTERIO ::.

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Por Tim Keller  

A menudo me preguntan cómo es que he llegado a estar tan familiarizado con la manera tan sutil en la que el corazón humano tiende a la idolatría. Al igual que muchos pastores jóvenes, yo solía trabajar demasiadas horas, nunca diciendo “no” a cualquiera que reclamase mi servicio pastoral. Cuando me ofrecían un incremento del salario pastoral, lo rechazaba. Cuando me ofrecían ayuda administrativa, declinaba la oferta. Me sentía bastante orgulloso de ser el tipo de persona que trabaja muy duro, nunca se queja y nunca pide ayuda. Esta postura provocó frecuentes conflictos con mi esposa, quien acertadamente mantenía que lo que yo estaba haciendo era descuidar mi relación con ella y con mis hijos [por aquél entonces, todavía muy pequeños]. Todo ello, también me llevó a tener problemas de salud, aún cuando sólo tenía treinta y pocos años.

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