.:: ¿DISFRUTO LOS REGALOS DE MI PADRE? ::.
Por Mark Driscoll
Un Padre amoroso y generoso le compró a su hijo una nueva y brillante bicicleta. Con una enorme sonrisa, el Padre sorprendió a su hijo y le entregó la bicicleta. Extrañamente, en lugar de mostrarse feliz, el hijo se veía ansioso. En lugar de montar la bicicleta, él se alejó de ella con miedo.
El Padre le preguntó al niño qué estaba mal. El hijo replicó, “Padre, no puedo montar la bicicleta. Por todo el mundo hay misioneros que no tienen una bicicleta. Yo quisiera darles mi bicicleta para que ellos puedan viajar a los pueblos no alcanzados y les prediquen el evangelio. El Padre respondió, “Si solo me lo pides, con gusto te daré una segunda bicicleta para que se la des a un misionero.”
Sin embargo, en lugar de solo montar la bicicleta, el hijo continúo argumentando con su Padre, diciendo, “Yo preferiría una bicicleta más vieja. Ésta es nueva y brillante. Me hace parecer soberbio si la uso.” El Padre explicó, “Si yo quiero que montes la bicicleta que te di, y tú estás más preocupado por lo que otros piensen de ti mientras te paseas que mi gozo al verte disfrutar el regalo que te di, entonces puede que parezcas humilde ante ellos pero yo sabré que hay soberbia en tu corazón porque estás viviendo para ganar su aprobación en lugar de mi gozo.”
Implacablemente, el hijo dijo, “Pero algunas personas hablarán de mi bicicleta con juicio, envidia, o celos porque está muy bonita. Para algunos, incluso, podría ser de tropiezo y podrían codiciar mi bicicleta. No quiero que pequen, entonces preferiría no tener una nueva bicicleta con el fin de ser considerado con ellos.” El Padre respondió, “Si los demás responden de esa manera a la gracia que yo te doy, el problema no es la bicicleta sino sus corazones. Yo trataré con sus corazones en caso de que resulten estar en pecado (que es algo que supones que pasará pero que no lo sabes). Yo los amaré y les serviré al trabajar en cambiar sus corazones si ellos responden pecaminosamente, pero para ti, mi petición es que simplemente montes la bicicleta que te di. Lo estás pensando mucho y disfrutándolo muy poco.”
El Padre se alejó por unas horas, pidiéndole amablemente a su hijo considerar su petición. Sin embargo, a su regreso, el hijo tenía otro argumento. “Padre, no montaré la bicicleta porque soy temeroso. Le temo a que este tan bonita y la disfrutaré tanto que se puede convertir en un ídolo para mí. Entonces, para evitar la idolatría me abstendré de montarla.” El Padre le respondió, “También puedes montar tu bicicleta como un acto de adoración a mí, disfrutando el regalo que te di para que te goces y me glorifiques. Una vez más, el problema no es la bicicleta.”
El hijo respondió, “Pero Padre, tu eres mejor que cualquier bicicleta. Tú eres suficiente. No necesito una bicicleta. Te tengo a ti. Tu, Padre, eres suficiente.”
Dolido en su corazón, el Padre dijo, “Sé que soy suficiente. Pero Soy un Padre generoso. Me gusta darles regalos a mis hijos. Me gusta verlos bendecidos, felices, y libres. Yo solo quería verte montar la bicicleta. Y quería dar un paseo contigo en ella. Entonces, podríamos divertirnos, pasar tiempo juntos, construir bonitos recuerdos y reír.”
Trágicamente, el hijo nunca montó la bicicleta. En su lugar, la regaló. No causó que nadie tropezara, o tratara a su bicicleta como un ídolo. Y no obedeció a su Padre ni le adoró al simplemente ser un niño y disfrutar el regalo que su Padre le dió, porque estaba muy ocupado siendo un teólogo con una cabeza llena de miedos en lugar de un corazón lleno de diversión.
Fuente: pastormark.tv
Traducido por Mafer Pérez
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¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica”. | Jesús (Juan 13:17)
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